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Don Cruz y Billy Chapman, con el puño en alto

Ahome, Sinaloa.- Don Cruz llego cansado y se sentó en la banca de la plazuela Benito Juárez.

Es miércoles, ombligo de la semana, y hace calor pues son pasadas las dos de la tarde, aunque está medio nublado, murmulló mientras meneaba el pie derecho que había cruzado sobre su pierna izquierda. El movimiento como de columpio comenzó a arrancar el lodo de sus huaraches cruzados, ya gastados de tanto andar en la parcela.

Algo ininteligible salió de la garganta de ese hombre encorvado, que viste pantalones raídos y descoloridos de tantas lavadas, y una camisa que acusa que los tiempos mejores ya pasaron hace mucho tiempo, e hizo voltear al fuereño que para Don Cruz estaba vestido como de fiesta.

Alargo la mirada hacia la sindicatura, buscando a quien no conocía, y señaló hacia un árbol frondoso. Amigo, ¿Allí se va a presentar el Billy? Preguntó. Un movimiento ascendente del desconocido le hizo entender que era afirmativo.

Don Cruz se levantó de la banca, buscó entre las 800 sillas acomodadas en semicírculo bajo unas carpas blancas y escogió un asiento. Se acomodó, cruzó los brazos en el pecho, entrelazó sus piernas y el huarache volvió a mecerse como columpio. Allí esperó mientras platicaba que no conocía a Manuel Guillermo Chapman Moreno. “Al Billy no lo conozco, pero vote por él. Espero que cambie esta cochinada de gobierno, junto con Andrés Manuel. Por cierto, al Presidente de la República tampoco lo conozco, pero también voté por él”.

Y siguió sentado. No se dio cuenta cuando el crucero de las calles Ignacio Zaragoza y Mariano Matamoros comenzó a llenarse como si la gente hubiera salido de hasta por debajo de la tierra. Nunca escuchó el ronroneo de camiones foráneos, de esos que el partido tricolor o el blanquiazul contratan para llevar acarreados a los mítines.

De repente sintió resoplidos atrás de la oreja y se volteó asustado. Vio un gentío. Se paró y vio más personas hacia el frente. Quiso moverse hacia sus costados pero hombres corpulentos se lo impidieron. Estaba atrapado entre el mar de gente. No tuvo más remedio, se quedó sentado. A su alrededor, casi tres mil personas estaban en el mismo lugar que Don Cruz.

El reloj de la torre comenzó a dar las tres en punto. Ding, dong, ding dong, y una muchacha morena y esbelta como una pluma anunció que el presidente electo de Ahome estaba llegando, Billy Chapman estaba llegando acompañado del gobernador, Quirino Ordaz Coppel. Y atrás de ellos, el alcalde, Manuel Urquijo Beltrán.

¿Oiga, oiga, quien es el Chapman? El blanquito. Sí, el que saluda con el brazo en alto. ¿Quién? ¿Cuál? El de blanco. Aaah. Gracias oiga. Fue un corto diálogo. Don Cruz se sienta, apaciguado.

Con enfado dibujado en el rostro, escucha el pase de lista de regidores, oye al secretario, Juan Garibaldi y también al alcalde Urquijo.

Abre sus ojos cuando sabe que Manuel Guillermo Chapman Moreno va a tomar protesta. –Oiga, oiga, es el Billy-. Sí, es el alcalde. Qué va hacer? A protestar el cargo. Y eso qué. Con eso ya es presidente municipal. Eso, eso… carajo, está bien, parlotea de nuevo don Cruz.
Aplaude cuando todos aplauden, habiendo protestado el cargo Billy Chapman y su cabildo.

Oiga oiga el Billy va hablar. Sí, va a dar su mensaje. Otro breve intercambio de palabras, y don Cruz escucha, se talla las manos, esas curtidas de tanto palear la parcela y se emociona.

Escucha que Billy tenía esa sueño de ser alcalde de Ahome hace 30 años, de gobernar a los individuos más trabajadores de la república mexicana.

Don Cruz asienta con su cabeza, y poco a poco se va emocionando.

“Los ahomenses no nacimos para mendigar en la vida, nacimos y hemos crecido en el espíritu de desarrollo; somos hombres del mar, de la tierra, de la fábrica, del ingenio azucarero que venimos aportarle a nuestro país, que se encuentra ahora destrozado, que se encuentra hoy, como nunca en su historia, viviendo una de las crisis más profunda sociales y económicas, que se encuentra totalmente confundido, en su seno, en su alma, en su espíritu; como nunca nuestro pueblo necesita que sus gobernantes y sus dirigentes políticos hagan un sacrificio para acabar con tanta necesidad”.

Don Cruz ya casi está sentado en media silla, y va emocionándose con la arenga de Billy. “No es posible que una clase política rapaz, visceral, frívola, antipatriota continúe destrozando nuestro México”. Don Cruz casi salta de la silla y truena sus manos en un aplauso que se pierde entre el coro de palmas que truenan como relámpago en una noche eléctrica.

La gritería ensordece.

Chapman sigue hablando: “Queremos una vida donde no existan estos contrastes económico y sociales que tanto no han lastimado”. Aplausos como cañonazos llenan las calles de la Villa de Ahome.

Billy recuente los gobiernos municipales que reconoce como eficientes, y asegura que su línea de trabajo será centro izquierda. “Todo el poder, toda la fuerza y todo el tesoro público del gobierno municipal se va a gastar e invertir exclusivamente en obra con contenido social, todo el dinero va a regresar a las comunidades agrarias y a las colonias populares.

Billy Chapman no va a sacrificar ni a claudicar, bajo ninguna circunstancia, de ese compromiso que realizó con las clases populares, con los campesinos, pescadores, burócratas, pequeños empresarios todo el dinero”, y don Cruz ahora tiene el puño en alto, copiando al alcalde que habla con un tono de voz que aturde.

Pide y se le concede que el Museo del Valle del Fuerte sea parte de activos culturales del municipio, y don Cruz agita el puño. Nueva carretada de aplausos, y la muchedumbre se levanta y se abalanza y camina como hacia Billy. Don Cruz es arrastrado por esa avalancha humana que quiere estrechar la mano de quien jura dedicar los tres años de su vida futura en favor del desarrollo de Ahome.
La marea humana rebaza todo y a todos, cubre a Billy, tanto que don Cruz no lo puede saludar. Se queda parado, pero feliz. Por el otro extremo, los seguidores continúan apretujando al alcalde, mientras los miembros del grupo Verdadera Integración Ciudadana (VIC) intentan taladrar a la marabunta humana.

Billy y don Cruz se van por caminos separados sin conocerse, pero entre ambos ha surgido un vínculo: la esperanza de un mejor futuro.

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Comunicación Social

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